RELATOS A NUESTRAS ABUELAS «MAMBRILLERAS»

Relatos a las abuelas que vivieron en Mambrilla de Castrejón. Hoy 8 de marzo, coincidiendo con el día de la Mujer Trabajadora subimos al blog de la Casa Azul de la Ribera del Duero los primeros relatos a nuestras abuelas.

Ellas fueron algunas de las abuelas de Mambrilla de Castrejón, mujeres que hicieron su vida en esta población rural de la Ribera del Duero Burgalesa. Hoy 8 de marzo las recordamos como mujeres trabajadoras que fueron a lo  largo de su vida, mujeres necesarias e imprescindibles en el hacer de la vida rural, pilar fundamental de la época que les tocó vivir.

Comenzar los relatos a las abuelas ha sido una cadena de conexiones… En el «grupo de Whatsapp de la cuadrilla» de nietos nacidos en los años 60, Gorka pregunta el nombre de nuestras abuelas «mambrilleras», toman la delantera las mujeres del grupo, con ganas de dar presencia a sus abuelas, contestan rápido, un revoloteo de nombres…. Sabina, Isidora, Paula, Filomena, Victoria, Felisa, Estefanía, Milagros, Evilasia, Juana, Lucía, María…Nos informan en primicia sobre el lema de este año en el encuentro «Dibujando X Mambrilla» _ dibujo de cuaderno_, el impulso del grupo en torno a la referencia femenina de nuestras abuelas es enérgico y valiente, como ellas mismas. A través de los comentarios del grupo recordamos a las abuelas en sus espacios cotidianos, surge la palabra «relato» y la frase maravillosa «lo podríamos hacer entre todos»… de esa iniciativa… comienzan las primeras crónicas, las mujeres más atrevidas se lanzan al contar de sus abuelas… y en ello estamos.

Desde la Casa Azul de la Ribera del Duero pido permiso a las primeras autoras de relatos, para poder subir sus recuerdos en este ocho de marzo 2024,  una forma de dar presencia y voz a mujeres de antaño en Mambrilla de Castrejón, mujeres que llevamos con nosotras y han dado forma a nuestra vida.

Acercamos los primeros relatos que han dado el ok para poder ser subidos a este post:

«Suena el despertador en la casa de Juana y Nemesio. El despertador son las ovejas balando que hay en el corral. Mis hermanos y yo dormimos en una habitación los tres, en esas camas tan calentitas de colchones de lana. Mi abuela hace a mis hermanos para desayunar sopas de ajo, que les encantan. A mi, un tazón de esa rica leche de oveja que tienen en las cántaras en el portal, con esa nata tan rica y tan gorda. Con esa leche luego hace los quesos, que mi padre decía que eran los mejores quesos que había comido nunca. Luego, mis hermanos van con el macho a por agua a la platería, y yo me quedo jugando, viendo a las gallinas…Para comer unos ricos filetes, con una buena sartenada de patatas fritas hechas en la sartén negra, con costra, que la salían tan ricas. Luego por la tarde, a ver cómo esquilaban las ovejas, y si se terciaba, a veces nacía algún corderillo…»

«Recuerdo a la abuela Evilasia hasta mis 7 años, la veo peinando su pelo largo grisáceo recogido siempre en un moño, con un mandil de cuadritos negros y grises. Madrugadora, con sus deberes siempre bien hechos y el claro consejo en su mente…_chiquita las cosas bien hechas, bien están_. recuerdo su mano bien agarrada a la mía al salir a las calles de Mambrilla, una mano fuerte, con consistencia _no me escapaba no_… En su cocina el arcón desprendía un olor dulce, allí estaban los mantecados de ocasión y la loza cuidada con esmero, me encantaban los tazones, ese arcón me parecía un baúl de tesoros, de allí salía todas las mañanas mi tazón pequeño de desayuno, me gustaba sujetarlo con las dos manos…El corral y las cuadras de la casa de la abuela Evilasia eran un lujo…grande y lleno de «casitas», donde ya no había animales…el gallinero, la conejera, el pajar, los conachos, aperos…lugar increíble en la imaginación infantil…»

«…Vamos a ver, señoras, que se va el pollero… Yo recuerdo que cuando sonaba esa música por las calles de Mambrilla había muchas probabilidades de que tocara gallina para comer en los próximos días. Mi abuela María negociaba con aquel vendedor ambulante de aves de corral y eso aseguraba una demostración de gastronomía popular en el número 13 de la calle Ancha. Llegado el momento María cogía el ave en su regazo con tanto esmero como firmeza y la atenazaba con aquellas manos que aseguraban que el triste final del animal iba a ser una fiesta en la cazuela…Todo seguía un ritual, una cadencia de movimientos preestablecidos que acababan convertidos en un auténtico manjar aderezado con las verduras disponibles y con esas hiervas recogidas en los paseos por el campo. Todo es un conjunto de sabores, colores y flores que me recuerdan a mi abuela María.»

Lo dicho… en ello estamos, lo plasmado es una pequeña muestra de la memoria de nuestras abuelas, surgirán muchos más relatos hasta conformar con nuestro tejer de palabras esa manera auténtica que ellas mismas tenían de arrebujar, envolver, cubrir, acompañar, reñir…su manera especial de querer…  Hacerlo visible en este 8 de marzo 2024 es un primer paso, deseamos ofrecerles la presencia que se merecen a lo largo de este año y los venideros.

Gracias grupo Whatsapp de la cuadrilla por hacerlo posible. 

Saludos

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4 comentarios en «RELATOS A NUESTRAS ABUELAS «MAMBRILLERAS»»

  1. Muchas Gracias Raquel por lanzar ese primer relato y a Gorka por dar cuerda y seguirla al mismo tiempo. Mujeres del grupo invisibles en este relato por premura de tiempo y espacio, muchas gracias también …Gema, Carmen, Susi, Glori, Marisa, Yola, Estrella, Maite, Mari Mar….imprescindible su presencia y por supuesto la de los señores, pues también nos parece estupendo que se animen al relato «recoño».

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  2. Me han parecido unos relatos muy reales de las mujeres abuelas. Yo de mi abuela Isidora tengo un gran recuerdo, una mujer buena y bondadosa que a pesar de haber tenido 10 hijos quería por el vivir a sus niet@s,en este caso las nietas que tenía en el pueblo disfrutamos mucho de ella.. Me acuerdo cuando se mataba el cerdo y hacía unas sopas de mondongo que aún hoy las recuerdo con un sabor extraordinario, y unas morcillas…. Aprendí con ella hacer mis primeras morcillas. Me gustaba dormir en su casa de hecho viví un año entero en su casa, como me gustaba y cuando mi madre sacaba la mano a pasear donde me iba….. Donde mi abuela Isidora que aplacaba los zapatillazos y el llanto..Nos arropo cuando falleció mi madre y su hija Concha para todos tiempo difíciles. Peto su panadería siguió adelante gracias a mi hermana Estrella. Gracias a mi abuela por enseñarme a cuidar a mis hijos ella me ayudaba y me aconsejaba y me fui a su casa cuando di a luz, era inesperta y no tenía madre. Gracias a mi abuela y un gran beso desde aquí allí donde este. GRACIAS

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  3. Un error y horror de ortografía, la abuela Maria no «hervia» nada, recogía «hierba». Espero me disculpe el relator, pero el wordpress no deja cortar y pegar directamente, al escribir el post…metí la pata…. rectificar ahora supone perder los nuevos comentarios… Espero no me más veces…

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